Es evidente que detrás de cada indignado hay un perjudicado, parecido a mí, convencido que los políticos a los que mantenemos no han sabido gestionar la crisis en sus diversas competencias y entornos, dando paso a una situación insostenible, ¡y claro! el paso de los meses y los años ha hecho que el número de personas y familias afectadas se cuenten por millones.
Soy una de esas personas indignadas con este gobierno, ya que el 6 de junio de 2006 liquidó de un plumazo la empresa donde trabajaba, me estoy refiriendo a Afinsa.
A mi empresa se la cargó cual elefante entra en chatarrería cerrando a cal y canto dicha empresa, yéndose a la calle más de 2.000 empleados y 190.000 clientes perjudicados.
Considero que cada uno con su historia particular tienen justificación más que sificiente para manifestarse y hacerse notar, es importante para que los gobernantes sientan de forma directa lo que se piensa, independientemente de la ubicación del partido que esté en el poder en cada momento.
Sobre la base de las manifestaciones, considero que intentar cambiar la forma de gobierno no llevaría a ninguna mejora, ya que el sistema democrático como el nuestro es de los sistemas de gobierno mejores, o menos malos que existen hoy.
Hay que introducir mejoras, eso está claro, para que cualquier sistema o ente sigua vivo hay que ir alimentándolo y mejorándolo.
El problema no es del sistema, el problema es de los hombres y su ambición sin control -en mayor o menor medida- una vez que llegan al poder.
Existen una serie de principios elementales que se les supone que poseen y que van promover y desarrollar, como abnegación en el trabajo, imparcialidad, altruismo, hacer cumplir la ley para todos por igual, honestidad para no prevaricar o aprovecharse del cargo en beneficio propio, etc.
Todos estos temas o principios bien desempeñados pueden hacer el mejor de los sistemas políticos, o el peor si se desempeñan mal.
Lo verdaderamente importante a nivel político hoy día es dejar de considerarse de ningún color ni ubicarse arriba, abajo, a la izquierda o a la derecha. Simplemente premiar al que lo haga bien y castigar al que lo haga mal.
Como sociedad intelectualmente avanzada, debemos de ser tan inteligentes y prácticos como los políticos, dicen en sus mítines lo que saben que queremos oír de sus labios para alcanzar sus metas. De la misma manera, si estos no cumplen con sus promesas, debemos de cambiarlos sin ningún tipo de miramiento, y, si los que entren de nuevo tampoco lo hacen según a expectativas, se vuelven a cambiar.
Elviro Valencia Alonso


